Reflexiones de una trans femenina
Secretariado Trans Mundial de ILGA
La diversidad provoca muchas reflexiones. En una visión rápida al panorama que nos rodea inferimos que el mundo es diverso, observamos una infinidad de formas de vida con sus múltiples expresiones características. El hombre de ciencia se propuso ordenar esta profusa expresión e intentó clasificarla a su mejor entender. La tarea de clasificación de los académicos en el campo de la biología agrupó a los seres vivientes en dos grandes reinos: el reino animal y el reino vegetal; prosiguieron en su afán clasificador y los ordenaron respectivamente en especies, géneros, familias, órdenes, clases y reinos. Pero la naturaleza les planteó un problema: habían organismos que no encajaban propiamente como vegetales ni tampoco animales, por lo cual los estudiosos se vieron precisados a establecer otros reinos: hongos, protistas, moneras. ¿Qué gusto de la naturaleza por complicarnos la existencia, o qué manera de expresar la diversidad viviente?.
En los famosos estudios de Kinsey sobre el comportamiento sexual en el varón, se encontró una gama de comportamientos intermedios entre el extremo heterosexual absoluto y el otro extremo homosexual absoluto, en una gradiente del uno al diez. La especie humana es una expresión diversa dentro de este universo, tanto en lo morfológico como en lo relativo a su comportamiento. Esta constatación nos parece lógica, no necesita mayor comentario, y resulta a veces hasta redundante. Sin embargo, hay pensadores que no lo creen así, dando fundamento a la obra enajenadora del poder y a las instituciones rectoras de la sociedad, que se irrogan una autoridad para interpretar el mundo, nos predican un guión que pretende regir la vida de los ciudadanos y en lo referente a la esfera de la sexualidad imparten normas, legales, morales y sociales, sobre cómo debemos asumir nuestra sexualidad; determinan qué es bueno, correcto, saludable y señalan lo que es malo, perverso, dañino. Preconizan que la sexualidad normal es la heterosexualidad, que su fin es la procreación y la perpetuidad de la especie; siendo que toda otra expresión alternativa o disidente sale fuera de lo normal. El pensamiento fundamentalista sostiene que todo lo que se aparta de la regla es degeneración. Sobre el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, trans) afirman que no están comprendidos en el plan de Dios, que atentan contra el núcleo básico y sagrado de la sociedad, que es la familia, y muchos otros argumentos, que no acabaríamos de mencionar.
Aunque a muchos no les guste, estamos aquí vitales y plenos de energías. Somos expresión de la diversidad sexual, ciertamente. ¿A quiénes me refiero? Pues a las personas trans, término que reúne varias creaciones culturales, hablamos de las y los travestis, transgéneros, transexuales. ¡Cómo complicamos el asunto, desplegando mayor contraste en la diversidad! Muchos exclaman por qué no simplificar el asunto de los géneros, aceptemos sencillamente la complementariedad hombre-mujer. Pero la realidad está ahí para contradecir ese propósito del pensamiento fundamentalista, conservador y estático.
Nuestras amigas y amigos travestis, muy versátiles, transitan de un género a otro género, asumen un comportamiento masculino o uno femenino, inducidas por diferentes circunstancias o eventos. Nuestras amigas/os transgénero han emigrado de la esfera masculina/femenina y construyéndose como mujeres/hombres culturales se han afincado en la esfera femenina/masculina, como producto del reconocimiento personal de su sentir. Por último, nuestras amigas/os transexuales, han hecho el recorrido de las/los transgénero, pero además han optado por modificar radicalmente sus genitales, en un afán de borrar todo vestigio que les recuerde su punto de partida biológica masculina/femenina y concordar su sentir con una expresión ideal física femenina/masculina.
Aquellos que defienden posiciones sexistas, desde una visión inmutable del género, les causa pánico, les causa pavor, ver como con arte y voluntad férrea transforman las personas trans sus cuerpos, liberan su erotismo bullente y se confunden entre la multitud femenina/masculina. Nuestras amigas/os trans, especialmente en el campo de las transgénero y transexuales, recrean su cuerpo, hasta transformarlo satisfactoriamente a sus expectativas, lo toman como materia prima para plasmar una creación singular. A veces me encuentro con chicas/chicos muy bien logrados que me causan admiración. Somos capaces de admirar la nueva tendencia de los cuerpos pintados, pero nos negamos a solazarnos en la expectación de estos cuerpos trabajados con mucho encanto. Yo esperaría que se pudiera tener una visión traviesa, cómplice de un capricho lúdico, pero desafortunadamente no es lo esperado, al contrario nuestra apreciación está mediatizada por una simbología que devela nuestras angustias, nuestros temores y en muchos casos el terror a abordar el campo del sexo, la sexualidad, el placer, el cuerpo. Este abordaje transgresor del cuerpo cuestiona las identidades y abre incógnitas que nos descolocan, o nos mueven el piso parejo. Ahora hay una actitud más abierta para abordar estos temas, pero la herencia forjada por la ignorancia y los prejuicios es muy fuerte aún. Una persona trans incursiona en la transgresión, por este motivo se enfilan contra ella toda la artillería pesada del poder que sustenta la ideología machista, fundamentalista. Esta evidencia certera de la transgresión es la fuente de la marginación, la estigmatización, la invisibilidad, del destierro moral en el espacio social.
Hay una serie de situaciones que vive el colectivo trans. Nuestras posibilidades de desarrollo se ven truncadas desde el momento que asumimos con solidez vivir plenamente la identidad de género que hemos asumido. La obra implacable de los poderes nos relega de todo derecho en la práctica. Quién puede decir que va en igualdad de condiciones a una plaza de trabajo. El hecho es que se nos margina por nuestra identidad de género. Si en alguna oportunidad accedemos a un trabajo dependiente se nos pide que nos comportemos seriamente, es decir estamos prohibidos de exteriorizar libremente nuestra identidad, esto es una inaceptable forma de opresión. Tampoco se nos reconocen derechos laborales, por lo que nos vemos forzadas a aceptar condiciones onerosas de trabajo porque se entiende que si hay un reclamo, la puerta está abierta para ir directo a la calle. Naturalmente que los que no logran situarse laboralmente, y que no han tenido oportunidades de acceder a una formación técnica básica, se lanzan al oficio más antiguo en el caso de las trans femeninas, o surcan la marginalidad en el caso de los trans masculinos. En el plano social hay una actitud de invisibilizarnos, de marginarnos, somos objeto de burla e insulto. Estas afrentas sistemáticas mellan nuestra autoestima y, apelando a mecanismos de defensa, nos replegamos y circunscribimos a guetos. Si hablamos del plano político, no llegamos a ejercer alguna representación, no se saben de nuestras propuestas, nuestras organizaciones no tienen peso y determinación en las políticas de estado en cuanto al respeto de derechos para el colectivo trans. En el plano cultural estamos igualmente ignorados, pero a pesar de todo vivimos, nos expresamos y creamos; hay todo un raudal de creatividad por conocer que pasa desapercibido.
Lo brevemente descrito líneas arriba son algunos aspectos que ejemplifican la situación general del colectivo trans. Este estado de opresión se traduce mayormente como expresión de desazón, con demandas apocadas e impetuosas, que esperan la formulación de un discurso que llegue a la conciencia social y revele lo absurdo, injusto y violatorio de nuestros Derechos Humanos. Así se nos presentan las siguientes tareas:
· Debemos deconstruir los estereotipos de género que ignoran nuestra existencia y no expresan nuestra realidad, criticando la cultura machista, sexista y transfóbica.
· Remontar el ostracismo aprovechando los recursos que nos franquea el uso de las tecnologías de la comunicación. Insertarnos en nuestro entorno y tomar los espacios que nos franquea la democracia formal. Salir del gueto, conquistar espacios generando un eco social que nos visibilice.
· Desarrollar acciones políticas para hacer respetar nuestros derechos, inherentes a toda persona humana, fortaleciendo nuestra autoestima y conformando organizaciones que expresen nuestras demandas, creando redes propias e insertándonos en las organizaciones TLGB que luchan por los derechos humanos.
· Levantar la bandera de la lucha por el derecho a la identidad de género, exigiendo se respete nuestra libre determinación.
· Demandar al Estado que nos incluya en efectivos programas de salud, que yendo mas allá del control, prevención y tratamiento del VIH/Sida, abarque igualmente nuestra salud sexual y reproductiva.
· Nuestra acción fundamental debe centrarse en el empoderamiento de las personas trans para remontar la opresión estructural.
En los diversos encuentros salen a luz una serie de planteamientos que abordan nuestra vida diaria, cuestionan nuestras creencias, posturas, prácticas. Vivimos una etapa de acentuadas y fructíferas discusiones que contribuirán a enriquecer los debates sobre el derecho a la autodeterminación de nuestros cuerpos, a la sexualidad diversa, a la identidad de género, entre otros derechos coactados. Se nos ocurren algunas discusiones:
· ¿Es desde ya la persona trans una presencia contestataria?
· ¿Sentirse mujer u hombre es recrear respectivamente el ideal femenino o masculino glorificado por la cultura machista? Entonces ¿qué es ser mujer u hombre?
· ¿Sentirse auténticamente mujer u hombre es procurarse respectivamente una vagina o un pene estético?
· ¿Qué tipo de relación de pareja buscamos? Se habla de las formas de unión civil, matrimonio, ¿aspiramos a la fidelidad sexual o a la libertad sexual?
A manera de epílogo, diré que el fin de toda persona es lograr la felicidad y bienestar, basados en el respeto a nuestros derechos y el cumplimiento de nuestros deberes, con pleno ejercicio de nuestra libertad, consagrados en la declaración universal de los DD.HH y en las constituciones de nuestros pueblos.

